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GenesisPerera
Genesis Perera

Mi historia

Antes de todo lo que ves hoy, hubo una niña con muchos sueños, una mamá que hizo hasta lo imposible por sus hijos y un camino lleno de experiencias que, sin darme cuenta, fueron formando a la mujer que soy.

Genesis Perera de niña en su graduación, con toga y birrete azules, una medalla y su diploma.
01Caracas

Mis raíces están en Caracas

Nací y crecí en Caracas, Venezuela, en una familia donde desde muy pequeña aprendí que la vida no siempre sucede como uno la imagina.

Mis padres se separaron cuando yo apenas tenía un año. Aunque mi papá vivía muy cerca de nosotros y formó parte de diferentes momentos de mi vida, fue mi mamá quien asumió la mayor parte de la responsabilidad de sacarnos adelante.

Recuerdo que salía a trabajar cuando todavía estaba oscuro, alrededor de las cinco y media de la mañana, y muchas veces regresaba cerca de las nueve de la noche.

Éramos tres hermanos en casa y, a pesar de todo, nunca nos faltó nada.

Hoy, siendo madre, pienso mucho en ella. En el cansancio que seguramente sentía, en todas las preocupaciones que debía guardar para sí misma y en las tantas cosas que probablemente dejó de hacer por darnos lo mejor.

Mi mamá nos dio muchísimo más de lo que podía.

Mi infancia tuvo recuerdos maravillosos y otros que fueron difíciles. Algunos los comprendí muchos años después. Y aunque no todo fue perfecto, con el tiempo he aprendido a mirar mi pasado con otros ojos, a valorar lo bonito y a reconocer también las experiencias que me marcaron.

02Adolescencia

Una niña independiente y una adolescente bastante rebelde

A los once años ya tomaba el autobús sola para ir al colegio.

Había mañanas en las que tenía que levantarme antes de las cinco porque las clases comenzaban a las siete y, quienes conocen Caracas, saben que el tráfico no perdonaba. 😂

Más adelante, una de mis tías me ayudó a estudiar en un colegio privado, algo que siempre le agradeceré.

Pero tengo que confesar algo: ¡no fui precisamente una adolescente tranquila!

Mi mamá era bastante estricta. Yo quería salir con mis amigas, ir al cine, compartir con mis primas y hacer todas esas cosas que a esa edad parecen tan importantes.

Hubo una etapa en la que no entendía sus reglas y hasta me fui a vivir con mi papá durante un tiempo.

Hoy me río de muchas de mis ocurrencias. Aunque también entiendo que detrás de aquella mamá estricta había una mujer que trabajaba muchísimo y que intentaba protegerme de cosas que yo todavía no comprendía.

La vida tiene una manera muy particular de hacernos entender a nuestros padres cuando nos toca estar del otro lado.

03Familia

Las mujeres que me enseñaron a soñar

Si hay algo que agradezco profundamente, es haber tenido mujeres que dejaron huellas enormes en mi vida.

Mi mamá me enseñó el valor del trabajo, de la responsabilidad y de salir adelante incluso cuando las circunstancias no son fáciles.

Pero también hubo una tía que se convirtió en uno de mis mayores ejemplos.

Desde pequeña admiraba su vida. Tenía su propio negocio, una familia hermosa y un esposo alegre, cariñoso, buen padre y de esos hombres que siempre tienen algo con qué hacerte reír.

Y yo pensaba: algún día quiero tener una vida así.

La admiraba tanto que terminé adoptando muchas cosas de ella: su manera de hablar, algunas expresiones y hasta su risa escandalosa. 😂

¡Y físicamente nos parecemos muchísimo!

Cuando salimos juntas, muchas personas nos preguntan si somos madre e hija.

Y noooo, ¡es mi tía! Jajajaja.

Angel siempre bromea con mi mamá diciéndole: «Miriam, ¿y tú cambiaste a esas niñas?». 😂

Mi mamá es mucho más tímida que nosotras. Durante años me decía que bajara la voz y que no me riera tan fuerte. Pero creo que llegó un momento en que se dio por vencida.

Otra de mis tías también tuvo una influencia enorme en mí. Ella me enseñó a desenvolverme mejor, a hablar con las personas y a perder ese miedo que a veces tenemos de ofrecer algo o intentar vender.

Vendía carteras, ropa, joyas y accesorios, y yo la ayudaba.

Ella compraba los productos y los ofrecía entre sus amistades y en diferentes oficinas. Yo también la ayudaba a venderlos.

En aquel entonces no lo veía como algo que estuviera construyendo mi futuro. Simplemente disfrutaba ayudarla y aprender de ella.

Hoy entiendo cuánto me sirvieron aquellas experiencias.

También guardo recuerdos muy bonitos de otras personas que estuvieron presentes en mi infancia: familias que me recibieron en sus casas, que me llevaron de viaje y que me hicieron sentir querida.

Mi primer viaje a Margarita con la familia de mi mejor amiga de la infancia es uno de esos recuerdos que todavía guardo con muchísimo cariño.

Y me emociona pensar que algunas de esas amistades y personas siguen formando parte de mi vida tantos años después.

04Primeros trabajos

Trabajar, aprender y volver a intentar

Empecé a trabajar muy joven.

A los catorce años trabajaba en un centro comercial que quedaba a casi dos horas de mi casa.

Tenía que tomar un autobús, después el metro y luego otro autobús para llegar. Salía tarde por las noches y muchas veces mi papá, que trabajaba como taxista, pasaba a buscarme.

Más adelante estudié en el INCE y comencé a trabajar en oficinas.

Pasé por recursos humanos, asistencia administrativa, recepción y, posteriormente, crédito y cobranzas.

No tengo un título universitario. Mi formación ha sido una mezcla de estudios técnicos, experiencia, personas que se tomaron el tiempo de enseñarme y muchas ganas de aprender por mi cuenta.

Uno de mis trabajos fue en una distribuidora de marcas como Estée Lauder, MAC y Clinique.

Allí descubrí un mundo que me encantaba: el maquillaje, la cosmética y el cuidado de la piel.

Nos regalaban productos y llegó un momento en que tenía tantos que empecé a vender algunos a familiares y amistades. 😂

También vendía ropa, bisutería y accesorios.

Si veía una oportunidad de aprender algo nuevo o generar un ingreso adicional, me llamaba la atención intentarlo.

Pero hay algo que valoro muchísimo de aquellos años: las personas.

Compañeras que me aconsejaron, amigas que me acompañaron, personas que me ayudaron en momentos importantes y que, aunque la vida nos llevó por caminos distintos, todavía recuerdo con cariño.

Muchas de esas amistades siguen conmigo hasta hoy.

Porque no todo lo que uno gana trabajando se refleja en el dinero.

Mi mamá nos dio muchísimo más de lo que podía.

052011

El amor llegó cuando menos lo esperaba

Conocí a Angel en julio de 2011, gracias a un amigo en común.

Y aquí viene lo gracioso: ¡yo no quería una relación seria! 😂

Al menos eso era lo que les decía a mis amigos.

Pero desde que empezamos a salir, siempre encontrábamos una excusa para vernos. Un día era un paseo, otro día una comida, otro día cualquier plan que se nos ocurriera.

Sin darme cuenta, me estaba enamorando.

Nuestro primer beso fue el 14 de agosto de 2011, una fecha que todavía recordamos con muchísimo cariño.

Desde niña había soñado con encontrar un hombre que me quisiera, me respetara, me aceptara como soy y que fuera un buen padre.

Y una de las cosas que más me enamoró de Angel fue precisamente la manera en que trataba a su hijo.

Había algo en él que me recordaba a esa familia que yo soñaba tener cuando era pequeña.

Al poco tiempo de comenzar nuestra relación me dio una llave de su casa.

Yo sentía muchísima pena de entrar cuando él no estaba, pero me decía: «Te di una llave para que vengas cuando quieras. No tienes que pedirme permiso».

Y bueno… terminé pasando más tiempo en su casa que en la mía, hasta que un día me dijo que ya era momento de que terminara de mudarme con él. 😂

Y así, casi sin planearlo, comenzó nuestra vida juntos.

06Maternidad

Aprender a ser mamá y construir una familia

A los pocos meses llegó una noticia que no esperábamos: estaba embarazada.

Nunca voy a olvidar aquel momento.

Fuimos juntos a recibir el resultado del examen y, cuando supimos que era positivo, Angel comenzó a gritar de la felicidad.

Las personas de la clínica nos felicitaban.

¿Y yo?

¡Yo estaba llorando! 😂

Tenía veintiún años y sentía una mezcla enorme de emociones. Miedo, incertidumbre, felicidad… Me preguntaba si estaba preparada y cómo iba a cuidar a otra personita que dependería completamente de mí.

Con los años llegaron nuevos aprendizajes y nuestra familia siguió creciendo.

Durante una parte muy importante de esa etapa viví con mi suegra, a quien hoy llamo mami.

Ella estuvo conmigo en esos primeros momentos de la maternidad en los que una tiene tantas preguntas y tantos miedos.

Me enseñó muchísimo, me acompañó, me ayudó con mis hijos y estuvo presente en momentos que nunca olvidaré.

Siempre he dicho que tuve la bendición de encontrar en ella una segunda madre.

Hasta el día de hoy, todos los días recibo un mensaje suyo que comienza con «Buenos días, hija».

Y aunque hoy estemos lejos, ese cariño sigue intacto.

Mi familia ha sido siempre una parte fundamental de mi vida. Muchas de mis decisiones, mis sacrificios y mis ganas de salir adelante han tenido que ver con ellos.

07Venezuela

Nuestros primeros pasos trabajando juntos

Cuando conocí a Angel, él ya tenía Sushi Party, su servicio de catering de sushi para eventos.

Yo trabajaba en oficina durante la semana y los fines de semana lo acompañaba a preparar pedidos, organizar materiales y ayudar con todo lo que hiciera falta.

Después llegó Seikami Sushi, nuestro restaurante en Venezuela.

Esa experiencia fue especialmente importante porque allí empezamos a descubrir cómo era realmente trabajar juntos dentro de un mismo negocio.

Una cosa era acompañarlo a sus eventos, y otra muy distinta era compartir las responsabilidades de un restaurante donde ambos estábamos involucrados.

Aprendimos a organizarnos, a tomar decisiones, a trabajar en equipo y también a entendernos en medio de las responsabilidades y dificultades.

Fue una etapa de mucho aprendizaje.

El restaurante finalmente cerró, pero aquella experiencia nos dejó conocimientos que años después terminaríamos utilizando nuevamente.

En ese momento no lo sabíamos, pero nuestra historia con el sushi todavía tenía muchos capítulos por delante.

Genesis Perera en el aeropuerto con su equipaje, el día del viaje a Miami en enero de 2016.Los hijos de Genesis en su coche durante el viaje a Miami, en enero de 2016.
082015 – 2016

Empezar de cero en Estados Unidos

Angel llegó a Miami en octubre de 2015.

Yo llegué en enero de 2016 con nuestros dos hijos y tres maletas.

Tres maletas.

A veces pienso en todo lo que una deja atrás cuando decide comenzar de nuevo en otro país. La familia, las amistades, los lugares que conoce de memoria, las costumbres y hasta esas pequeñas cosas que antes parecían tan normales.

Y aunque uno llega con ilusiones, también llega con miedo.

Porque empezar de nuevo significa aprender prácticamente todo otra vez.

Nuestra vida en Miami no comenzó con un restaurante ni con un negocio propio.

Comenzó trabajando, haciendo lo que había que hacer para salir adelante.

Mi primer empleo fue en un dry cleaners, planchando ropa durante aproximadamente nueve meses.

Todavía recuerdo el calor de aquellos días de verano. Había momentos en los que sentía que estaba sudando sal.

Lo que ganaba prácticamente alcanzaba para cubrir el cuidado de los niños y la comida. Angel se encargaba de los demás gastos.

Después trabajé como mesera.

Organizábamos nuestros horarios para que, cuando uno estuviera trabajando, el otro pudiera quedarse con los niños.

Y cuando uno de mis hijos comenzó la escuela, decidí quedarme en casa con el menor, que se enfermaba con frecuencia.

Fue una decisión importante para nuestra familia, pero yo seguía sintiendo esas ganas de hacer algo, de aprender y de aportar.

Genesis Perera con Angel y sus dos hijos en su primera visita a la playa en Miami, en 2016.
09Miami

Cada intento me fue formando

Durante esa etapa conocí Mary Kay.

Me gustaba la posibilidad de trabajar con productos de belleza y manejar mejor mis horarios mientras estaba pendiente de mis hijos.

Después Angel y yo también participamos en Amway.

No todo salió como esperábamos, pero algo muy bonito de esas experiencias fue que comenzamos a interesarnos más por el crecimiento personal, por la lectura y por aprender nuevas maneras de pensar.

Escuchábamos libros, compartíamos ideas y tratábamos de encontrar herramientas para mejorar nuestra vida.

También hubo una etapa en la que yo hacía entregas de Uber Eats y DoorDash por las noches.

Siempre llevaba a nuestros hijos conmigo en el carro porque no tenía con quién dejarlos.

Lo recuerdo y pienso en aquella mamá manejando de un lugar a otro, pendiente del pedido, de la dirección, del tráfico y al mismo tiempo de los niños que iban sentados detrás.

No siempre era fácil.

Había cansancio, había días largos y había momentos en los que seguramente hubiera preferido estar descansando en casa.

Pero también estaban esas ganas de aportar, de encontrar una solución, de no quedarme esperando que las cosas cambiaran solas.

Recuerdo que cuando les decía a mis hijos «nos vamos a trabajar», muchas veces se ponían a llorar porque no querían ir. Y cómo olvidarlo, si hace apenas unos días encontré en mi Instagram recuerdos de aquella etapa.

Hoy veo esas imágenes y me doy cuenta de todo lo que vivimos juntos. Ellos quizás solo querían quedarse en casa, mientras yo intentaba encontrar la manera de trabajar sin dejar de estar presente para ellos.

No era el trabajo que había soñado hacer. Pero era una oportunidad que tenía frente a mí y decidí aprovecharla.

Y hoy no miro ninguna de esas etapas con vergüenza.

Al contrario.

Porque cada trabajo, cada intento y cada experiencia fue enseñándome algo que necesitaba aprender.

A veces uno cree que está dando vueltas sin llegar a ningún lado, hasta que pasan los años y entiende que todo aquello también lo estaba preparando.

Hoy no miro ninguna de esas etapas con vergüenza.

Bandeja de sushi de Seikami Miami con sus salsas.Volante de Seikami Miami colgado en la manilla de una puerta.
102017

Un intento que parecía no haber funcionado

En 2017 intentamos vender en Miami unas bandejas de sushi similares a las que ofrecíamos en Venezuela.

Preparamos publicidad y contratamos a una empresa para que repartiera los flyers, intentando así dar a conocer nuestros productos y conseguir clientes.

Pero no funcionó.

Éramos nuevos, las personas no nos conocían y generar confianza para vender comida preparada desde casa era muy difícil.

Así que guardamos aquellas bandejas y continuamos con nuestras vidas.

No fue una gran historia de éxito. Fue simplemente uno de esos intentos que no salen como uno espera.

Y durante un tiempo quedó ahí, como una idea que habíamos probado y que aparentemente no tenía futuro.

Lo curioso es que la vida muchas veces vuelve a ponerte frente a una oportunidad cuando menos te lo imaginas.

Genesis Perera y Angel Mendoza sonriendo en casa, él con la camiseta de Tu Sushi 305.Bandejas de sushi de Tu Sushi 305 preparadas en casa en 2020.
112020

Así nació Tu Sushi 305

En febrero de 2020, una persona que sabía que preparábamos sushi nos hizo un pedido.

Y aquel pedido nos hizo mirar nuevamente hacia algo que habíamos intentado años atrás.

Esta vez las cosas comenzaron a tomar otro rumbo.

Poco a poco, desde casa, fuimos recibiendo pedidos, organizando entregas y aprendiendo a manejar todo lo que implicaba ofrecer nuestros productos.

No teníamos una gran estructura detrás.

Teníamos experiencia, ganas, una familia y muchísimo trabajo por delante.

Con el tiempo, ese proyecto que comenzó en casa se convirtió en Tu Sushi 305, y después llegó uno de nuestros pasos más importantes: abrir nuestro propio restaurante.

Detrás de ese local hay muchísimas horas de esfuerzo, sacrificios, decisiones difíciles, inversiones, errores y aprendizajes.

Angel aporta su talento y experiencia como chef.

Yo me he involucrado en la administración, los números, la organización, la atención, la comunicación y muchas de esas tareas que quizás los clientes no ven, pero que son indispensables para mantener un negocio funcionando.

No todo ha sido fácil, y todavía tenemos muchísimas cosas por aprender.

Pero cuando miro hacia atrás y recuerdo aquella etapa en la que contratábamos publicidad intentando vender sushi, me doy cuenta de cuánto hemos recorrido.

Tu Sushi 305 es una parte muy especial de nuestra historia.

Y también me recordó algo que siempre había estado dentro de mí: esas ganas de crear, aprender, probar cosas nuevas y construir algo con mis propias manos.

Genesis Perera usando su celular en un ambiente cálido de trabajo.
12Hoy

Hoy comienza otro capítulo

Durante muchos años mi vida estuvo dedicada a mi familia, a mis trabajos y a los proyectos que hemos construido juntos.

Y sigo sintiéndome profundamente agradecida por todo eso.

Pero llegó un momento en el que también quise crear un espacio propio.

Un lugar donde pudiera compartir las cosas que he aprendido, los productos que descubro, las experiencias que vivo y esos recursos que quizás puedan ayudar a otras personas.

No porque tenga todas las respuestas.

Todo lo contrario.

Sigo aprendiendo, sigo equivocándome, sigo haciendo preguntas y sigo descubriendo cosas nuevas.

Y precisamente por eso quiero compartirlas.

Así comenzó a tomar forma mi marca personal: Genesis Perera.

Un espacio donde quiero mostrarme tal como soy, hablar de lo que realmente conozco y compartir aquello que me ha servido en diferentes momentos de mi vida.

He sido aquella niña que madrugaba para ir al colegio, la adolescente rebelde, la joven que vendía productos entre sus compañeras de oficina, la mujer que encontró a su compañero de vida, la mamá que aprendió sobre la marcha y la persona que ha tenido que empezar de nuevo más de una vez.

He tenido momentos muy bonitos y otros que no quisiera repetir.

He conocido personas maravillosas, me he equivocado, he sentido miedo y he tomado decisiones sin saber exactamente qué pasaría después.

Pero cada etapa ha dejado algo en mí.

Hoy miro hacia atrás con agradecimiento, no porque todo haya salido como quería, sino porque cada experiencia me ayudó a llegar hasta aquí.

Y todavía tengo muchos sueños por cumplir.

Creo en los sueños que no se guardan.

Con cariño,

Genesis